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La viajera

La mujer del acantilado.

La mujer del acantilado. Ya ha llegado el invierno y hoy lo he vuelto a ver.
Caminaba por la arena descalzo.
Se sentó frente al mar sobre la pequeña roca, y así pasó largo tiempo mirando la quietud del agua en la lejanía.
Más tarde se levantó, y en la orilla se dejó acariciar por las olas que lo rodeaban.

Yo lo observaba desde lejos.
Nunca me había visto.

Recuerdo la primera vez que lo ví.
Hacia una mañana llena de nubes grises, y el mar era una superficie plateda de grandes olas.
El viento,acorde con el color del día,comenzaba a soplar aunque no demasiado fuerte.
Yo paseaba por el acantilado cuando en la playa ví una figura que, lentamente se acercaba a la orilla.
Era un hombre.
El mar ese día estaba furioso. No quería que nadie lo molestase, y que mejor manera que mostrando su fuerza.
Me quedé mirando sin saber muy bién que hacer.
Pensé que había que estar loco para bañarse con ese oleaje, o por el contrario tener ganas de desaparecer.
Desde arriba ví como se desnudaba y comenzaba a adentrarse.
Las olas al principio se lo impedían,pero el insitía sin darse por vencido.
En más de una ocasión fué revolcado por algunas.
Pero seguro de lo que hacía, volvía a intentarlo una y otra vez.
Hasta que...lo consiguió.
Yo comencé a gritar:
-no, no, espera!!!.
Pero era imposible. A esa distancia jamás me oiría.
Empecé a correr por un pequeño camino que había entre las rocas sin perderlo de vista.
Estaba consiguiendo su objetivo.
Me costaba trabajo seguirlo con la mirada.El mar estaba tan embravecido que era imposible ver su silueta.
Las olas empezaron a convertirse en montañas de agua, y el viento aún las hacía que llegaran más alto.
Cuando ya me quedaba poco por bajar,me paré un segundo y dejé de verlo.
El corazón me dio un vuelco.
Alguién se acababa de suicidar delante de mis narices y no había podido hacer nada.
Entonces...grité con todas mis fuerzas.
Agotada por la bajada y por los gritos volví a mirar, y ví, como aquél hombre salía de entre las enormes olas.
Parecía surgido de la nada, era como una alucinación.
Seguí observando y cuando consiguió salir, se tumbó boca abajo sobre la arena.
Sus manos estaban cruzadas sobre la cabeza.
Sin verle la cara sabía que estaba llorando,que sentía impotencia, rabia.
Se veía tan indefenso,tan solo...que quise correr hacia su lado y consolarlo de alguna manera.
Pero pensé que había momentos en los que era mejor estar solo.

Desde entonces, ninguno de los dos faltábamos un solo día a nuestro "encuentro"diario.
Yo observando desde el acantilado y él, observando el mar desde su roca.
Después se un largo tiempo él se marchaba y yo bajaba a la playa.
Me sentaba en la misma roca que, momentos antes había sido ocupada por aquél hombre, del que me estaba enamorando sin conocerlo.
Sólo concía su figura.
Pero de alguna manera, por lo que había visto en aquélla mañana, era como si lo conociera de toda la vida.

Sólo los dos sabíamos de la locura que quiso cometer.
Sólo él y yo sabáimos de sus ganas de morir
Sólo yo, fuí testigo de sus lágrimas y de sus fuerzas para volver a la vida.

Había llegado la primavera ,y sobre el acantilado crecían lilas y flores del paraíso.
El mar empezaba a teñirse de azul.
La brisa...el olor del agua salda...la naturaleza salvaje...Todo junto, me hacían querer volar hacía la playa.

Hoy iba con la idea de bajar, mientras estuviera sentado frente al mar.
No había dormido en toda la noche pensando, si eso no lo estropearía todo.
Estaba enamorada de un desconocido.Tal vez fuera un loco.
Pero el recuerdo de su cuerpo desnudo sobre la arena, y su desesperación en aquélla trágica mañana, me confirmaban que era un enamorado de la vida.
Que era un gran luchador que seguía teniendo esperanza.
Me vestí para la ocasión.
Me puse un largo vestido blanco salpicado de pequeñas flores amarillas.Un amplio jersey de hilo de color naranja .
Mis sandalias de cuero y un pañuelo blanco en la cabeza.
Llegué al acantilado.
El día era precioso,al menos a mí me lo parecía.
A esa hora mi "enamorado" ya solía estar sentado en la roca.
Nunca había visto de donde venía.
Siempre que yo llegaba estaba ahí.
En alguna ocasión intenté adelantarme a su llegada, pero nunca conseguí mi objetivo.
Me senté y respiré profundo.Abracé mis rodiallas y sonreí sin saber muy bién porqué.
Seguía mirando la roca pero seguía solitaria.

No sé cuánto tiempo me llevaría mirando el mar y la roca,la roca y el mar.

Pero comencé a asustarme.
Quizás se hubiera marchado y no lo volviera a ver.
Quizás se hubiera...Pero no...,eso era mejor no pensarlo.
Como aquélla mañana en la que lo ví por primera vez, comencé a bajar por el sendero a toda prisa.
Y en el mimso lugar que me paré aquélla vez, me volví a parar.
Todo se volvió negro y comencé a llorar.
Tenía un mal presentimiento.
Cuando volvi a mirar, ví una figura inerte flotando en el agua cerca de las rocas.
Las rocas tapaban el cuerpo, por eso desde el acantilado no lo podía ver.
Tal vez eran imaginaciones mías.Tal vez fuera una pesadilla.
Cerré los ojos durante unos segundos y al volverlos a abrir...allí seguía.
Volví a cerrarlos y volví a abrirlos.
Así estuve no sé cuanto tiempo. Pero nada cambiaba.
Corrí hacía la playa como aquél primer día, y ...era él.
Me metí en el agua y lo acerqué a la orilla.
Su cuerpo desnudo.Frío. Paralizado. Sin vida.
Lo dejé sobre la arena y comencé a abrazarlo con fuerza.
Después lo zarandeé una y otra vez llena de rabia.
Pero esta vez había llegado demasiado tarde.
Mientras lloraba no dejaba de repetir:
-estúpido,estúpido.estùpido!!!. por qué lo has hecho?,maldito seas!!!.
Cogí su cabeza entre mis brazos mientras gritaba, mirando hacia el cielo azul.

Mi vestido blanco se volvió negro y mis lágrimas salpicaron el mar esa mañana.
Su ropa estaba sobre la arena.
Las cogí y las besé.
Tenían su olor.
Me tapé la cara con su camisa y después comencé a romperla.
Cogí su pantalón, lo acaricié, y en el blsillo izquierdo había un papel doblado.
Lo saqué y empecé a abrrilo despacio.
Estaba temablando ,casi no podía sostenerlo entre mis manos y lo leí.
-Hubiera podido ser hermoso. Pero cuando el corazón muere nada ni nadie le devuelve la vida.
Abrázame cuando me encuentres mujer del acantilado.

Sigo yendo al acantilado.
Ya es invierno y hoy lo he vuelto a ver.
Caminaba por la arena descalzo.
Se sentó frente al mar, sobre la pequeña roca.
Así se pasó largo tiempo mirando la quietud del agua en la lejanía.
Más tarde se levantó, y en la orilla se dejó acariciar por las olas que le rompían y rodeaban.
Yo lo observaba desde lejos y él, me saludaba desde el horizonte.

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2 comentarios

viajera -

Hola mela.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde,pero hay veces que después de un largo camino ya no queda casi nada.
Cuando ya no hay donde agrrarse,cuando todo está perdido, cuando miras al horizonte y solo ves oscuridad es dificl tener esperanza.
Y creo que si se puede perder,lo que ocurre que pierdes la esperanza por algunas cosas pero aún quedan otras y quizás sea eso lo que te hace tener el sentimiento, de que la espernza aún existe.
No hace falta estar solo, o no tener una mano amiga a la que recurrir.
Cuando la idea del suicidio se pasa por la cabeza es porque no ves ni un pequeño punto de luz, y si llevas a cabo el quitarte la vida es porque no solo ves oscuridad a través de tus ojos, sinoi porque la oscuirdad lleva instalada demasiado tiempo en tu corazón.
Se dice que siempre amanece,pero también muchas veces la luz deja de existir y eso solo lo sabe el que está en total oscuridad la mayor parte del tiempo.
Un beso mela,y gracias por visitarme.

Mela -

Una historia preciosa y muy triste. Pero el hombre tenía razón, cuando el corazón muere, nada ni nadie puede devolverle la vida. Es la muerte de la esperanza. de dónde procede todo lo demás.

Beso, Viajera.
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