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La viajera

Cada vez más lejos.

Cada vez más lejos. Amanecer de soles ciegos sobre páramos sombríos.
El viento ha dejado de silbar y se ha dormido entre montañas.
Sobre la yerba quemada, un buitre parece haber encontrado algo que llevarse a la boca.
Todo queda detenido en el tiempo como si de un cuadro se tratase.
Todo inmóvil, lejano,dentro de un paisaje que no es el de nadie.
Parece que una hoja va a caer, pero quedará suspendida en el aire a través de los tiempos.
Una amago de caricia que nunca se hará realidad.
Y una sonrisa eterna ,que permanecerá por los siglos de los siglos.

Las losetas quedaron manchadas con la cera de las velas.
Y entre cantos sin música, un pequeño redoble que suena a muerte.
Muerte blanca de lápidas blancas.
Muerte blanca de ángeles sin alas que nunca existieron.
Cuando al final del camino todo acabe,ya nadie volverá a velar por tí.
Sólo quedarán lágrimas y un sinfín de preguntas que, ya jamás podrán ser respondidas.
Las voces,las miradas...todo desaparecerá y el tiempo las robará de la memoria.

Alma blanca como las fachadas blancas,como las casas blancas de esta tierra del Sur.

Y otra vez la muerte vestida de negro, sin cara,sin justicia,sin pensar dos veces quién será esta vez.
La muerte sabe bién como hacer daño. Y no es llevándote a tí, no.
Ella sabe bién ,que los que siguen deambulando por la vida,no dejarán de recordar lo que les quitó.
Ella es la poderosa,la que manda,la que decide el cuándo, el cómo y el lugar.

Podría haber sido diferente pero no fué.
Podría haber sido de otra manera, pero no ha sido así.
Lamentos que hieren , que te hacen sentir una punzada demasiado dentro, para que salga a la superficie.
Noches sin luna de pequeños murmullos, de llantos encerrados, de gritos silenciosos.
Pienso sin querer pensar,maldigo sin que se me oiga y acabo perdiendo de nuevo.
Ya casi todo está perdido.

Y otra vez la muerte revolotea haciéndose notar ,queriendo decirme que ella es la únicda, la invencible.
Somos unas simples marionetas en sus manos.
Quisiera hablarle cara a cara para hacerle ver, que necesito un tiempo de sosiego, que busque otro lugar,otras almas.

Ha llegado el calor,pero hay un frío que nunca desaparece.
Es el frío del miedo,de la desesperanza, del desconsuelo.
Ese frío que te cala hasta los huesos y que te paraliza.

Vagaré por las esquinas de algunas calles, a oscuras o llenas de luz.
A veces la luz no es sinónimo de claridad,porque ésta hay que llevarla dentro.

Todo se ha vuelto inhóspito,casi desconocido, y muerto de aromas y sonidos.

Puede que hoy vea una estrella fugaz.
Entonces cerraré los ojos con fuerza, levantaré la cabeza hacia el cielo y pediré un deseo.
Es lo único que me queda.
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