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La viajera

El grito de la soledad

El grito de la soledad Vivió empañando cristales en las noches , y por las mañanas seguía mirando a través de ellos.
Nada le decían los pasos que ella daba. Ni siquiera, cuando se acercaba tanto que casi la tocaba.
Pero él, impasible,nunca la abrazó con el corazón.

Entre los muros de su estancia soñaba tranquilo, imaginándose un mundo sin injusticias.
Quería arreglarlo todo, pero todo le salía al revés.
Y un día, sencillamente, dejó de luchar.

Ella siempre se paraba frente a su ventana, y así permanecía durante largo tiempo.
Esperba a que él se asomara y la llamara.
Pero cansada de esperar volvía a irse otro día más.
Entonces él salía de detrás de la cortina. Y de nuevo, ante el frío cristal pasaba un dedo por sus labios, para después escribir su nombre.
Sabía que nunca podía amarla como ella hubiera querido. Ya eran demasiados amores maltrechos, los que llevaba a sus espaldas.
Lo que le hacía pensar que algo le ocurría.
El por qué, no pudo enamorarse nunca?.
El por qué ,nunca se entregó por entero?.

Se había acostumbrado tanto a mirar sin oir, sin hablar, sin sentir... Que todo empezó a dejar de tener sentido.
Hastiado de lo que le rodeaba, decidió poner fin a todo en aquélla noche.
Unos simples cortes en las muñecas, y poco a poco iría entrando en un eterno y dulce sueño.
El cansancio se apoderaría de el, y la cabeza dejaría de pensar con claridad.

Pero antes de todo, volvió a mirar su foto. Aquélla que le hizo cuando aún, no se había refugiado en su mundo de tinieblas.
La cogió, la besó, y la volvió a poner en su lugar.
Después escribió una pequeña nota:
"Perdona si alguna vez te hice daño.
Nunca te quise como te merecías".

Apuró el último sorbo de su copa.
Ya no quedaba nada de la botella que había abierto momentos antes.
Puso música, y se sentó en el sillón frente a la ventana.

Las lágrimas incontrolables se hicieron dueñas de su rostro.
Y en ese momento, sintió la soledad en toda su dimensión.
El dolor , la angustia..., empezaron a dejarlo cada vez más hundido. Y seguía con la misma idea en la cabeza.
Desaparecer.
La música se fue apoderando de él.
Y se preparó para acabar con todo de una vez.
Tenía las herramientas perfectas.
Una cuchilla bién afilada. Valor. Rabia. Y dolor,mucho dolor.
Dentro de poco, todo lo que sentía habría pasado.
Toda la soledad que siempre lo acompañó desaparecería.
Al igual que esa opresión continua en la garganta, que día tras día, no lo dejaba respirar ahogándolo por momentos.

Empezó a desnudarse y a rezar.
De pronto, se quedó parado y sonrió.
Recordó, que desde pequeño no había vuelto a rezar. Y pensó, que había perdido el norte por completo.
En ese instante, por su mente, empezaron a aparecer todos los momentos malos por los que había pasado.
Volvió a sonreir preguntándose ,sí no había habido nunca nada bueno en su vida.
Eso era del todo imposible,se contestó a sí mismo.

Se quedó desnudo como cuando lo parieron, y se dejó caer en el sillón. Cansado. Agotado.
Ni siquiera tenía fuerzas para pensar de un modo coherente.
El alcohol , el llanto, el dolor, le habían embotado la mente.
Miró hacia la ventana que seguía cerrada, pero esta vez, no estaba pegado a ella.
Solo veía un trozo de cielo. Pensó que era demasiado pequeño, y que el cielo, era mucho más grande que el que veía a través del cristal
Comenzó a llorar de nuevo.Pero al mismo tiempo que lo hacía, soltó una carcajada.
Le vino al pensamiento, la primera relacion que tuvo con su compañera de instituto.
Se llamaba Laura, y fue un auténtico desastre.
Volvió a reir cuando pensó, en lo que le habían dicho algunas veces.
- Querido amigo, la primera relación nunca se olvida.
Él descubrió con Laura, porqué no se olvidaba.
"El quitarle el sujetador, le llevó más de cinco minutos. Por no decir que temblaba como un flan. Y que por culpa de los nervios, y la normal excitación de un adolescente primerizo... acabó pegándole un mordisco en los labios que, tuvo como consecuencia,el que Laura se pegase una semana con el labio hinchado".
Hasta ahí llegó su primera experiencia.
Sus compañeros creían, que todo había salido genial. Y él nunca reconoció, que no habia pasado nada.
Laura jamás le volvó a mirar a la cara.
La segunda relación tampoco resultó ser perfecta. Pero al menos, llegaron hasta el final.

Después de recordar esos momentos se tapó la cara con las manos.
Cogió la cuchilla. Se levantó para abrir la ventana, esa, que había permanecido cerrada durante tanto tiempo.
El alcohol hizo que sus pasos no fueran firmes ,y acabó pegándose con el marco de la misma, haciéndose una pequeña brecha en la frente.
Se fúe dando tumbos hacia el frigorífico y cogió hielo.
Pensó:
-Al final moriré antes de tiempo y por causas naturales.

Caminó de nuevo hacia la ventana, pero antes cogió la cuchilla que había dejado encima de la mesita.
Apto seguido, se asomó por la ventana y sacó la cabeza todo lo que pudo.
Apretó la mano sin darse cuenta que llevaba la cuchilla en su interior, y se le escapó un pequeño grito.
La sangre empezó a salir de la palma de su mano derecha, pero sólo tenía una pequeña raja.
Se dirigió hacia la cocina y cogió más hielo para la cabeza. Se enjuagó la mano y fue por una venda.
Volvió a pensar:
-No sirvo ni para acabar conmigo.
Con la mano izquierda sujetando el hielo y puesta sobre la frente. Y la mano derecha con una vendas casi caídas, volvió a encaminarse hacia la ventana.
No sin antes pasar por la cocina para recoger de nuevo la cuchilla,que esta vez había dejado sobre la encimera.

Una vez en la ventana, abrío los brazos mirando al cielo.
Y volvieron las lágrimas.
Dejó escapar un grito lleno de soledad, de miedo, de vacío, de desepseración...
Hasta él mismo se estremeció cuando lo oyó.
Siguió pensando que el cielo era más grande, que el que veía a tarvés de su ventana. Y que nunca, lo vería en toda su dimensión.
Le dió la espalda a la noche, cogió la cuchilla con su mano izquierda, temblorosa...,dudosa..., se dirgió hacia su muñeca derecha, pero cuando estaba a punto de rozar la piel para cortarla...oyó como alguién lo llamaba.
Sintió una extraña sensación.
Hacía tanto que no oía su nombre..., que no escuchaba otra voz que no fuera la suya propia...,que sintió una punzada por dentro.
La cuchilla cayó al suelo, y se giró hacia la calle.
Y allí..., estba ella...Sonriéndole
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2 comentarios

viajera -

Sí, no todo el mundo tiene una voz amiga que esté ahí en el preciso momento.
La angustia, la soledad, el no agunatar más, el no encontrar salidas y muchas más historias hacen que llegues a ese camino desgraciadamente en algunas ocasiones no tiene retorno.
Cuando alguién se da por vencido es porque está cansado, agotado de tirar palante y ve como u
única soluión desparecer.
Creo que cuando todo se ve negro, y se pierde la esperanza se empieza a entre en un túnel muy peligroso y hay que tener dos pares para salir.
Porque al final el que sale de todo eso, es la misma persona.
Las aydas siempre viene bién, pero si la persona no tiene la fuerza suficiente de nada sirven.
Cuando haces un balance y ves que has luchado y en ocasiones no ha servido de nada, o al menos eso te parece a tí,empieza a aparecer la desesperanza y el cansancio.
Pero también es verdad que siempre tenemos algo en nuestra vida que nos da fuerzas, y si hay alguién que no crea tener ese algo que lo busque, siempre, siempre, hay algo o alguién para seguir tirando palante.

Me apunto a esa botellas de vino,si puede ser acompañada de gambas y jamón.
Un abrazo preciosa.

Y como bién dices al principio hay muchas casos en los que no hay una voz que te haga desistir del suicidio.
Creo y es una opinión personal,que cuando decides desparecer lo hace con lágrimas en los ojos o en el corazón.
Que en tu caminar nunca te falte la esperanza.

Anaktub -

aunque parezca un cuento, sé de muchos casos parecidos, en los que no han tenido una voz que le gritasen en el momento oportuno, llena de esperanza.

Es terrible encontrarse desolado, sólo con gente a tu alrededor, viviendo sin vivir, pero hay sobreponerse, la única derrota verdadera es cuando cada uno nos damos por vencidos.

No lo podemos permitir que la vida siga su curso sin nosotros, por duro que sea el camino, y los revese que nos presente la vida, siempre debemos mantener el paso.

Un beso

PD; En muchos casos sirve varias botellas de un buen vino, claro que en compañía; así evitamos el riesgo.
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